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Elegía al guardameta

"A Lolo, sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela"



Tu grillo, por tus labios promotores,
de plata compostura,
árbitro, domador de jugadores,
director de bravura,
¿no silbará la muerte por ventura?

En el alpiste verde de sosiego,
de tiza galonado,
para siempre quedó fuera del juego
sampedro, el apostado
en su puerta de cáñamo añudado.

Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún, araña parda.

Entre las trabas que tendió la meta
de una esquina a otra esquina
por su sexo el balón, a su bragueta
asomado, se arruina,
su redondez airosamente orina.

Delación de las faltas, mensajeras
de colores, plurales,
amparador del aire en vivos cueros,
en tu campo, imparciales
agitaron de córner las señales.

Ante tu puerta se formó un tumulto
de breves pantalones
donde bailan los príapos su bulto
sin otros eslabones
que los de sus esclavas relaciones.

Combinada la brisa en su envoltura
bien, y mejor chutada,
la esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
por lo pez y fugaz de tu estirada.

Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalle de palmas te aireó gloria.

Y te quedaste en la fotografía,
a un metro del alpiste,


con tu vida mejor en vilo, en vía
ya de tu muerte triste,
sin coger el balón que ya cogiste.

Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino
y efecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.

Aplaudieron tu fin por tu jugada.
Tu gorra, sin visera,
de tu manida testa fue lanzada,
como oreja tercera,
al área que a tus pasos fue frontera.

Te arrancaron, cogido por la punta,
el cabello del guante,
si inofensiva garra, ya difunta,
zarpa que a lo elegante
corroboraba tu actitud rampante.

¡Ay fiera!, en tu jaulón medio de lino,
se eliminó tu vida.
Nunca más, eficaz como un camino,
harás una salida
interrumpiendo el baile apolonida.

Inflamado en amor por los balones,
sin mano que lo imante,
no implicarás su viento a tus riñones,
como un seno ambulante
escapado a los senos de tu amante.

Ya no pones obstáculos de mano
al ímpetu, a la bota
en los que el gol avanza. Pide en vano,
tu equipo en la derrota,
tus bien brincados saques de pelota.

A los penaltys que tan bien parabas
acechando tu acierto,
nadie más que la red le pone trabas,
porque nadie ha cubierto
el sitio, vivo, que has dejado, muerto.

El marcador, al número al contrario,
le acumula en la frente
su sangre negra. Y ve el extraordinario,
el sampedro suplente,
vacío que dejó tu estilo ausente.


Miguel Hernández

Oda a Platko

"Al gran oso rubio de Hungría"

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.

No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.

¡Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo!
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.

El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.

No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.

Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heróico y grana,
mando el aire en las venas.

Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.

¡Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría!
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.

Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.

No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.

¡Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría!
¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.

Rafael Alberti
Santander, 27 de mayo de 1928

El sueño del pibe

Golpearon la puerta de la humilde casa,
la voz del cartero muy clara se oyó,
y el pibe corriendo con todas sus ansias
al perrito blanco sin querer pisó.

"Mamita, mamita" se acercó gritando;
la madre extrañada dejo el piletón
y el pibe le dijo riendo y llorando:
"El club me ha mandado hoy la citación".

Mamita querida,
ganaré dinero,
seré un Baldonedo,
un Martino, un Boyé;
dicen los muchachos
de Oeste Argentino
que tengo más tiro
que el gran Bernabé.

Vas a ver que lindo
cuando allá en la cancha
mis goles aplaudan;
seré un triunfador.
Jugaré en la quinta
después en primera,
yo sé que me espera
la consagración

Dormía el muchacho y tuvo esa noche
el sueño más lindo que pudo tener:
el estadio lleno, glorioso domingo
por fin en primera lo iban a ver.

Faltando un minuto están cero a cero;
tomó la pelota, sereno en su acción,
gambeteando a todos se enfrentó al arquero
y con fuerte tiro quebró el marcador.


Letra: Reinaldo Yiso
Musica: Juan Puey
(1943)

Tango para Valdano

Valdano baila un tango con la pelota,
Valdano habla lunfardo con el balón.
Del cuello de las musas colgó las botas
que aún buscan al Pelusa con el tacón.

De pibe fue un poeta de los estadios,
de míster un esteta del balompié.
Filósofo de lujo del vestuario;
Valdano inventa el fútbol como Gardel.

Aprendió del escénico miedo la suerte
de jugar a achicarle el espacio a la muerte
sin dejar que la vida le empate un partido.
Ojalá que el penalti cabrón del olvido,
Jorgito querido, lo puedas parar.

Igual se morfa el bíter de unos Mundiales,
que deja en Tenerife blanco al Madrid.
Sus sueños de chiquillo, sentimentales,
prestigian el banquillo de Chamartín.

De pibe fue un poeta de los estadios,
de míster un profeta del savoir-faire.
Defiende los colores del ser humano;
Valdano canta goles como Gardel.

Letra: Joaquín Sabina
Sobre música de Malena de Lucio Demare
y letra original de Homero Manzi

Kubala

Pelé era Pelé, y Maradona uno y basta.
Di Stéfano era un pozo de picardía.
Honor y gloria a quienes hicieron brillar el sol
de nuestro fútbol de cada día.

Todos tienen sus méritos; a cada quien lo suyo,
pero para mí ninguno como Kubala.
Se ruega al respetable silencio,
que para quienes no lo han gozado
diré cuatro cosas:

La para con la cabeza,
la baja con el pecho,
la duerme con la izquierda,

cruza el medio campo
con el esférico
pegado a la bota,

se va del volante
y entra en el área grande
rifando la pelota,

la esconde con el cuerpo,
empuja con el culo
y se sale de espuela.

Se mea al central
con un tuya-mía
con dedicatoria

y la toca justo
para ponerla
en el camino de la gloria.

Viva el conocimiento y la alegría del juego
adornada con un toque de fantasía.
Fútbol en colores, bocado de gourmet,
encaje de ganchillo, canela fina.

[estribillo]

Permitidme glosar la gloria de estos hechos
como hacían los griegos años atrás
con la alegría de quien ha jugado a su lado
y lleva su retrato en la cartera.


Letra [original en catalán]: Joan Manuel Serrat

Estadio Azteca

"... apretando los dedos, agarrándome,
dándole mi vida a ese paraavalancha.

Cuando era niño y conocí el estadio Azteca
me quedé duro, me aplastó ver al gigante,
de grande me volvió a pasar lo mismo..."


Andrés Calamaro

"Maradó"

Dicen que escapó de un sueño
en su casi mejor gambeta,
que ni a los sueños respeta
tan lleno va de coraje
sin demasiado ropaje
y sin ninguna careta.

Dicen que escapó este mozo
del sueño de los sin jeta,
que a los poderosos reta
y ataca a los más villanos
sin más armas en la mano
que un 10 en la camiseta.

----------------------------------

Cae del cielo brillante balón,
toda la gente y todo el mundo ve
una revancha redonda en su pie,
todo el país con él corriendo va.
[...]


Los Piojos

"Maradona"

Maradona no es una persona cualquiera,
es un hombre pegado a una pelota de cuero,
tiene el don celestial de tratar muy bien al balón,
es un guerrero.

Es un ángel y se le ven las alas heridas,
es la Biblia junto al calefón,
tiene un guante blanco calzado en el pie
del lado del corazón.

[...]

Diego Armando estamos esperando que vuelvas,
siempre te vamos a querer
por las alegrías que le das al pueblo
y por tu arte también.

Andrés Calamaro