Tu grillo, por tus labios promotores, | con tu vida mejor en vilo, en vía ya de tu muerte triste, sin coger el balón que ya cogiste. Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino y efecto, tu cabeza dio al poste. Como un sexo femenino, abrió la ligereza del golpe una granada de tristeza. Aplaudieron tu fin por tu jugada. Tu gorra, sin visera, de tu manida testa fue lanzada, como oreja tercera, al área que a tus pasos fue frontera. Te arrancaron, cogido por la punta, el cabello del guante, si inofensiva garra, ya difunta, zarpa que a lo elegante corroboraba tu actitud rampante. ¡Ay fiera!, en tu jaulón medio de lino, se eliminó tu vida. Nunca más, eficaz como un camino, harás una salida interrumpiendo el baile apolonida. Inflamado en amor por los balones, sin mano que lo imante, no implicarás su viento a tus riñones, como un seno ambulante escapado a los senos de tu amante. Ya no pones obstáculos de mano al ímpetu, a la bota en los que el gol avanza. Pide en vano, tu equipo en la derrota, tus bien brincados saques de pelota. A los penaltys que tan bien parabas acechando tu acierto, nadie más que la red le pone trabas, porque nadie ha cubierto el sitio, vivo, que has dejado, muerto. El marcador, al número al contrario, le acumula en la frente su sangre negra. Y ve el extraordinario, el sampedro suplente, vacío que dejó tu estilo ausente. |
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Elegía al guardameta
Oda a Platko
Ni el mar, | Fue la vuelta del viento. La vuelta al corazón de la esperanza. Fue tu vuelta. Azul heróico y grana, mando el aire en las venas. Alas, alas celestes y blancas, rotas alas, combatidas, sin plumas, escalaron la yerba. Y el aire tuvo piernas, tronco, brazos, cabeza. ¡Y todo por ti, Platko, rubio Platko de Hungría! Y en tu honor, por tu vuelta, porque volviste el pulso perdido a la pelea, en el arco contrario al viento abrió una brecha. Nadie, nadie se olvida. El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan. Las insignias. Las doradas insignias, flores de los ojales, cerradas, por ti abiertas. No nadie, nadie, nadie, nadie se olvida, Platko. Ni el final: tu salida, oso rubio de sangre, desmayada bandera en hombros por el campo. ¡Oh, Platko, Platko, Platko tú, tan lejos de Hungría! ¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte? Nadie, nadie se olvida, no, nadie, nadie, nadie. |
Santander, 27 de mayo de 1928
El sueño del pibe
Golpearon la puerta de la humilde casa,
la voz del cartero muy clara se oyó,
y el pibe corriendo con todas sus ansias
al perrito blanco sin querer pisó.
"Mamita, mamita" se acercó gritando;
la madre extrañada dejo el piletón
y el pibe le dijo riendo y llorando:
"El club me ha mandado hoy la citación".
Mamita querida,
ganaré dinero,
seré un Baldonedo,
un Martino, un Boyé;
dicen los muchachos
de Oeste Argentino
que tengo más tiro
que el gran Bernabé.
Vas a ver que lindo
cuando allá en la cancha
mis goles aplaudan;
seré un triunfador.
Jugaré en la quinta
después en primera,
yo sé que me espera
la consagración
Dormía el muchacho y tuvo esa noche
el sueño más lindo que pudo tener:
el estadio lleno, glorioso domingo
por fin en primera lo iban a ver.
Faltando un minuto están cero a cero;
tomó la pelota, sereno en su acción,
gambeteando a todos se enfrentó al arquero
y con fuerte tiro quebró el marcador.
Letra: Reinaldo Yiso
Musica: Juan Puey
(1943)
Tango para Valdano
Valdano baila un tango con la pelota,
Valdano habla lunfardo con el balón.
Del cuello de las musas colgó las botas
que aún buscan al Pelusa con el tacón.
De pibe fue un poeta de los estadios,
de míster un esteta del balompié.
Filósofo de lujo del vestuario;
Valdano inventa el fútbol como Gardel.
Aprendió del escénico miedo la suerte
de jugar a achicarle el espacio a la muerte
sin dejar que la vida le empate un partido.
Ojalá que el penalti cabrón del olvido,
Jorgito querido, lo puedas parar.
Igual se morfa el bíter de unos Mundiales,
que deja en Tenerife blanco al Madrid.
Sus sueños de chiquillo, sentimentales,
prestigian el banquillo de Chamartín.
De pibe fue un poeta de los estadios,
de míster un profeta del savoir-faire.
Defiende los colores del ser humano;
Valdano canta goles como Gardel.
Letra: Joaquín Sabina
Sobre música de Malena de Lucio Demare
y letra original de Homero Manzi
Kubala
Pelé era Pelé, y Maradona uno y basta.
Di Stéfano era un pozo de picardía.
Honor y gloria a quienes hicieron brillar el sol
de nuestro fútbol de cada día.Todos tienen sus méritos; a cada quien lo suyo,
pero para mí ninguno como Kubala.
Se ruega al respetable silencio,
que para quienes no lo han gozado
diré cuatro cosas:La para con la cabeza,
la baja con el pecho,
la duerme con la izquierda,cruza el medio campo
con el esférico
pegado a la bota,se va del volante
y entra en el área grande
rifando la pelota,la esconde con el cuerpo,
empuja con el culo
y se sale de espuela.Se mea al central
con un tuya-mía
con dedicatoriay la toca justo
para ponerla
en el camino de la gloria.Viva el conocimiento y la alegría del juego
adornada con un toque de fantasía.
Fútbol en colores, bocado de gourmet,
encaje de ganchillo, canela fina.[estribillo]
Permitidme glosar la gloria de estos hechos
como hacían los griegos años atrás
con la alegría de quien ha jugado a su lado
y lleva su retrato en la cartera.
Letra [original en catalán]: Joan Manuel Serrat
Estadio Azteca
dándole mi vida a ese paraavalancha.
Cuando era niño y conocí el estadio Azteca
me quedé duro, me aplastó ver al gigante,
de grande me volvió a pasar lo mismo..."
Andrés Calamaro
"Maradó"
en su casi mejor gambeta,
que ni a los sueños respeta
tan lleno va de coraje
sin demasiado ropaje
y sin ninguna careta.
Dicen que escapó este mozo
del sueño de los sin jeta,
que a los poderosos reta
y ataca a los más villanos
sin más armas en la mano
que un 10 en la camiseta.
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Cae del cielo brillante balón,
toda la gente y todo el mundo ve
una revancha redonda en su pie,
todo el país con él corriendo va.
[...]
Los Piojos
"Maradona"
Maradona no es una persona cualquiera,
es un hombre pegado a una pelota de cuero,
tiene el don celestial de tratar muy bien al balón,
es un guerrero.
Es un ángel y se le ven las alas heridas,
es la Biblia junto al calefón,
tiene un guante blanco calzado en el pie
del lado del corazón.
[...]
Diego Armando estamos esperando que vuelvas,
siempre te vamos a querer
por las alegrías que le das al pueblo
y por tu arte también.
Andrés Calamaro



